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Inquietud, desmesura humana
y sed de Dios1
ST 96 (2008) 459-471
«Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré [.].
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si Tú no te manifiestas»2.
De lejos viene nuestro malestar cultural. Escribía Freud: «Hasta quépunto el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones dela vida colectiva [.] y de ahí buena parte de su presente agitación, desu infelicidad y de su angustia»3. Nos encontramos en un «mundo sinhogar»4, «desbordados» por la cultura que hemos creado y que impo-ne exigencias que no controlamos5. El hombre se encuentra en «per-manente búsqueda de si mismo»6. Ni el hombre religioso se libra de es-te «malestar cultural»7.
Puede pensarse que tres fuerzas –inquietud, desmesura y sed de Dios– se disputan el señorío del corazón del hombre de hoy y causan Director del Colegio Mayor «Comillas». Universidad Pontificia Comillas.
Madrid. <jmartos@upcomillas.es>.
José Mª FERNÁNDEZ-MARTOS, «Dios, río de agua viva para fincas mejorables»:Sal Terrae 75/6 (Junio 1987), pp. 423-436 SAN ANSELMO (1938), Proslogion: Opera omnia 1938, 1, pp. 97-100.
S. FREUD (1930), El malestar en la cultura, en Obras Completas, T. III,Biblioteca Nueva, Madrid 1968, pp. 64-65 P.L. BERGER et al., Un mundo sin hogar. Modernización y conciencia, SalTerrae, Santander 1979.
Robert KEGAN, Desbordados. Cómo afrontar las exigencias psicológicas de lavida actual, Desclée de Brouwer, Bilbao 2003.
Rollo MAY, El hombre en busca de si mismo, Ed. Central, Buenos Aires 1974.
Juan MARTÍN VELASCO, El malestar religioso de nuestra cultura, Paulinas,Madrid 1993.
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su malestar. De tal manera se entrecruzan que es difícil distinguirlas.
Valga, como metáfora, el camino de Santiago, donde «rumor de ánge-les», deseo de aventuras, turismo exótico, religiosidad honda o primi-tiva se entreveran, no sólo en personas distintas, sino en los adentrosde cada peregrino. Como en Los Cuentos de Canterbury, de Chaucer,todos van al sepulcro de Santo Tomás Beckett con aire más turístico ycultural que penitencial, pero no adoran en los templos del camino niasisten a misas.
Tras años de rozarme con hombres y mujeres en calles, terapias, cárceles y en los más santos monasterios, y de tratar de vez en cuandoconmigo mismo, he venido en pensar que las tres fuerzas se disputannuestro corazón. Igual las sorprendo en la luchadora política con muer-tes a su espalda que en la drogata que quiso tocar el cielo con una do-sis o en el seminarista que se cree llevado por el deseo de Dios. In-quietud, desmesura, sed de Dios son nuestro sino. El desmesurado via-je a Ítaca no siempre regala hermosos viajes, sino también bajíos ynaufragios, aunque el «pensamiento fuese elevado» y el alma sintiese«una exquisita emoción». Igual en lo sublime. El músico y antiguocantautor religioso P. Duval, ya alcohólico, confesaba haber sido atra-pado «por el frenesí de hacer el bien». «Nos hiciste, Señor para Ti, einquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti» decía Agustíntras años de vivir repartido entre ellos8.
1. Desmesura
«Creen que la gente es muy poco razonable tras una liebre que no quisieran haber comprado»9.
Hasta el más sobrio y contenido de los mortales es desmesurado. En elrincón más humilde de una pobre choza se alienta habitar un palacio.
En el anacoreta más escueto se albergan sueños de dones divinos. Elrico más rico sueña con riquezas todavía no alcanzadas. Todo sabio es- SAN AGUSTÍN, Confesiones, X, 27, 38.
B. PASCAL, (1962), Pensamientos, Espasa-Calpe, Madrid 19626, p. 37.
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INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS pía y añora saberes no poseídos. No hay «miss mundo» que no sueñecon retocar rincones de su cuerpo. Robarle una décima al record de loscien metros libres es desvelo de miles de horas de entrenamiento. Elniño que salta desde el tercer escalón sube a poder con el cuarto.
Quinielas y Loterías.
Idem, con la sexualidad: siempre hay un pero a lo que se tiene.
Freud piensa que la estructura de la pulsión sexual es siempre insatis-factoria: se busca el imposible de algo que sacie por completo. El de-seo aboca a la insatisfacción, porque se desea lo que a uno le falta, ylo que encuentra nunca completa ese deseo. La más potente Viagra noderrotará a la desmesura del deseo inscrita en lo sexual.
Hay una desmesura bellísima, aunque dolorosa: la de todo artista, poeta o pintor. Trascienden las cosas. Escojo hoy a Rilke: «la natura-leza era todavía para mí una ocasión genérica, una evocación, un ins-trumento [.] aún no me sentaba ante ella: me dejaba arrebatar por elalma que salía de ella [.] Me adentraba en ella y no veía, no veía lanaturaleza, sino las visiones que ella me inspiraba»10. Mirar bien hacerenacer al objeto con una identidad y frescura renovada y le permite aRilke intuir el «espacio interior del mundo» (Weltinnenraum), aunquesólo su mitopoético «ángel» puede alcanzarlo: «No creo haber alcan-zado jamás una plenitud de sensaciones más sutiles: he arribado al otrolado de la naturaleza». En Capri, un pájaro sonaría al unísono fuera yen su interior, sintiéndose «misteriosamente protegido y dotado de laconciencia más pura y más profunda»11.
Esta desmesura acerca lo religioso si vivimos a fondo la «pirámi- de de la conciencia» que nos sumerge en un más allá de tiempo y es-pacio en la gran unidad de lo existente y nos asoma al «río que correentre los dos mundos, el visible y el invisible». «Aquí es el caer / lomás valeroso. Desde el sentimiento logrado / desbordarse hacia lo quese adivina, más allá»12. Nuestra desmesura, linda con la sed de Dios.
Para Schleiermacher la religión es tomar lo individual como parte de 10. Federico BERMÚDEZ-CAÑETE, Teoría poética de Rilke, Júcar, Madrid 1987, 11. Cf. «Vivencias I y II», en Epistolario español, ed. y trad. de Jaime Ferreiro Alemparte, Espasa-Calpe, Madrid 1976, pp. 258-269.
12. Cit. por Federico BERMÚDEZ-CAÑETE, Rilke. Vida y Obra, Hiperion, Madrid sal terrae
un todo. Bergamín canta bellamente: «Para la sed de la tierra / Todala lluvia no basta»13.
Hay que atreverse a sentir la noble desmesura de las almas más ex- quisitas. Desde el inicio de la Modernidad –cuando religiones estable-cidas y la filosofía misma se ponen en cuestión–, la poesía aspiró a sus-tituir a la metafísica en la tarea de dar sentido a la existencia humana.
La desmesura visita la frontera del ser humano: su cruz y su impulso.
Vuelve utópica la felicidad, pero empuja hacia delante. Difícil es in-tentar lo mucho sin amargarse por no conseguirlo todo. ¿Desmesurasana o patológica; brotando de un déficit real o inducido? ¿Es siempremás verde el huerto del vecino? Canta sentencioso Machado: «lo ma-lo es que no sabemos para qué sirve la sed».
2. Inquietud
«Este esfuerzo de ir por lo aún no realizado, se parece al inacabado andar del cisne»14.
Andamos no sólo desmesurados, sino inquietos. Insatisfacción, sed yrecurrente tendencia al hastío ¿son sanos o «culturalmente» inocula-dos? Es probable que con tanta oferta consumista padezcamos inquie-tud, más que sed. La carrera de las ofertas tecnológicas es tan rápidaque siempre nos deja con el penúltimo aparato. La alegría del reciéncomprado, nublada por el avance del hoy anunciado. De ahí que la sa-tisfacción se esté volviendo cada vez más pasajera e intrascendente, ylas metas que se nos sugieren sean igualmente pasajeras e intrascen-dentes. Teniendo muchas cosas, acabamos por no poseer ninguna. Estonos sumerge en la inquietud.
Agitados, apenas vemos lo que nos rodea. Lo más preñado de sen- tido y revelador –de pasos quedos– se nos escapa. «¡Ea! ¡Ea! El mun-do está enteramente lleno de misterios grandiosos y de luces formida- 13. José BERGAMÍN, Antología, Ed. Castalia, Madrid 2000.
14. R.M. RILKE, «El Cisne», en Nuevos Poemas, trad. F. Bermúdez de Castro, sal terrae
INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS bles, que el hombre se oculta con su pequeña mano», decía MartinBuber15. «De poco le sirven los ojos a la mariposilla, pues que el ape-tito de la hermosura de la luz la lleva encandilada a la hoguera, y asípodemos decir que el que se ceba de apetitos como el pez encandila-do, al cual aquella luz antes le sirve de tinieblas, para que no vea losdaños que los pescadores le aparejan»16.
3. Sedientos: hechos de agua; hechos de Dios
«La sed que tengo no me la calma el beber»17.
El puro beber –¡cuántas bebidas sofisticadas compiten con la sencillaagua!– no puede saciarnos. Nuestra sed, inquieta a veces, a ratos des-mesurada, y en el fondo insaciable, salvo cuando acceda a la vecindadde Dios. Añade Machado: «lo malo es que no sabemos para qué sirvela sed». Sí vale. Nos abre a quien nos la dio tan grande como Él.
La sed, en el diccionario, es «deseo o necesidad de beber», pero también «deseo vehemente de cierta cosa inmaterial (venganza, justi-cia, amor)». Dos formas de nuestra sed. La de agua nace de escasez hí-drica de la sangre y los tejidos y es prodigioso sistema de alarma pararestablecer el desequilibrio hídrico. Lógico tener sed, ya que el 70% denuestro cuerpo es agua. Nuestros osmoreceptores captan la concentra-ción de líquido del organismo y la transmiten al sistema nervioso cen-tral. ¿Receptores de la sed de Dios? Quizá la desmesura y la inquietudnos avisan del muy nuestro y totalmente Otro.
Agustín avisa que, al estar hechos de Dios y para Dios, estaremos inquietos hasta que lo bebamos. San Juan de la Cruz, lo expresa así:«Que estando la voluntad / de divinidad tocada / no puede quedar pa-gada / sino con Divinidad; / mas por ser tal su hermosura / que solo porfe, / gústala en mí no sé qué / que se halla por ventura»18.
15. M. BUBER, Relatos jasídicos, Milá Ed., Biblioteca de Cultura Judía, Buenos 16. SAN JUAN DE LA CRUZ, La Subida al Monte Carmelo, Libro 3, cap. 8.
17. Antonio MACHADO, «De la Vida», en Cantares (tomado de Google).
18. SAN JUAN DE LA CRUZ, Glosa a lo divino, 5 (tomado de Google).
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Tener sed es desear el propio cumplimiento conforme con la voca- ción inscrita en nuestro ser, marcado por creación con una semejanzasecreta con Dios. Si deseamos beber agua, es porque, teniéndola sufi-ciente para sentir, no es bastante para calmarnos. El alma del buscadorde Dios, devorada por la sed animal de Él, ya lo tiene dentro –su agua,su vida–. La sed se cita donde se cruzan presencia y ausencia de Dios.
Lo deseamos porque estamos hechos de Él mismo y para él mismo.
Esta sed no la calma el beber.
La desmesura dispersa. La inquietud tensa, La sed de Dios adensa.
4. Dios abundante y generoso; para beberle, pide paciencia
«¡Tanto cuidado ponen los celestes en no herirnos! Frágil vasija no pudiera de continuo contenerlos.
Que sólo de tiempo en tiempo soporta el hombre el colmo divino» Dios es de «ubres abundantes» (Is 66,11); río abundante «donde crecetoda clase de frutales y donde no se marchitan las hojas ni los frutos seacaban; donde hay cosechas cada luna» (Ez 47,12); llega «como agua-cero que empapa la tierra» (Os 6,3); dispuesto a derramar «bendicio-nes sin cuento» (Mal 3,10), de «inagotable esplendidez» (Ef 3,16); re-gala «tesoros del saber» (Col 2,3), «dehesas de paz» (Is 32,18); con Él,«el desierto y el yermo se regocijarán» (Is 35,1); «¿cómo es posibleque con Él no nos regale todo?» (Rm 8,32).
Por eso se nos ocurre pensar que beber de Dios será tumbativo y esplendente. Más bien, a Dios se le bebe a buchitos pequeños, entre-verados en lo cotidiano y banal. Esa parquedad divina desespera y noslleva a construir «aljibes agrietados que no retienen el agua». ¿Cómoaprender la espera que pide la fuente que «mana y corre aunque es denoche»?.
Según Teresa de Jesús, cabe regar nuestro huerto de cuatro mane- ras: con agua del pozo, «que es a nuestro gran trabajo»; con noria y ar-caduces, «menos trabajo. y sácase más agua»; de río o arroyo: «que-da más harta la tierra y [.] es a menos trabajo mucho del hortelano»;o «con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nues-tro». Los del pozo están «acostumbrados a andar derramados», y esto sal terrae
INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS trae «sequedad y disgusto y tan mala gana para venir a sacar el agua»[.] «y malaventura de un alma que ama a Dios ver que vive en estamiseria»19. Mal lo tenemos si somos desparramados.
¡Pero a veces ocurre el milagro de «llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro»! Algunas veces nuestras manos al-canzan el milagro en medio de los días planos. De repente, nuestra in-digencia atisba un fulgor, y respiramos una impensada felicidad.
Pronto vendrá la añoranza, tras la breve maravilla; pero tranquilos. Asílo canta Sánchez Rosillo: «No, la luz no se acaba, si de verdad fue tu-ya. / Jamás se extingue. Está ocurriendo siempre. / Mira dentro de ti,con esperanza, sin melancolía. / No conoce la muerte la luz del cora-zón. / Contigo vivirá mientras tú seas: / No en el recuerdo, sino en tupresente, en el día continuo del sueño de tu vida»20.
5. Dos modos de sed de Dios
«Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, sobre estas cosas hermosas que tu creaste.
Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo»21.
Nuestra inquietud y desmesura nos confunde y nubla el deseo de Dios.
La manzana seductora, Caín y tener las tierras del hermano, la Babelque «alcance el cielo para hacernos famosos». son historias de todos.
Hay en la Página Santa dos lugares privilegiados con dos modos depresencia de sed de Dios: los que le buscan a conciencia y los que lehambrean sin saberlo.
De la primera es muestra el Salmo 42-43, donde encontramos a un buscador de Dios animal e instintivo. Hay que imaginar al autor de es-te salmo desterrado entre montañas que ve cruzar fatigada una cierva 19. SANTA TERESA DE JESÚS, Libro de la Vida, cap. 11, 15-17.
20. Eloy SÁNCHEZ ROSILLO, Las cosas como fueron, La Veleta-Comares, Granada 21. SAN AGUSTÍN, Confesiones, 10, 27, 29.
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en busca desesperada de agua y en el animal ansioso proyecta su bús-queda de Dios. Sea o no así, esta imagen retrata a locos buscadores deDios: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca ti,Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo». Toda esta estirpe biena-venturada de buscadores de Dios lo viven, simultáneamente, como «de-masiado» y, sin embargo, «nunca suficiente». Le desean siempre más.
Pero hay otros –la mayoría– que, a la espalda de sus deseos apa- rentemente más lejanos de Dios, le hambrean. Pasaje inagotable y be-llísimo el de la Samaritana. Lo tiene todo. Allí está la humanidad se-dienta y a por agua de mil maneras. Precisamente es la hora de sexta:pleno sol y plena insatisfacción humana. Nuestra hora. La mujer en supobre casa sin agua corriente: «las doce, y la comida sin preparar; yahora toca hacer dos kilómetros de ida y subir cargada de vuelta a lapesada rutina de todos los días. ¡Si estuviera siquiera más cerca, jun-to a la higuera de las primeras eras.!».
No imaginaba que por el otro camino que subía desde las monta- ñas de Judea, un hombre distinto de todos los que había conocido ca-minaba jadeante, con pasos apresurados, hacia el pozo con sed extra-ña. Había dejado atrás a sus discípulos para encontrarse con ella y to-da su humana sed: expoliación sexual, abandono afectivo, trabajo ex-cesivo, religiosidad de cenizas que apenas caldean su corazón ni ilu-minan su vida. Quizás iría pensando: «Yo a por agua para dar de co-mer a otros. ¿Y de mí quien se cuida? Cinco hombres tuve, y todos medejaron por otras más jóvenes. A la hora de comer y la cama, esperán-dome; pero cuidar de mí, ¿quién? Ninguno». Y de pronto, hacia los eu-caliptos del pozo ya cercano, lo de siempre: un hombre al acecho desus pasos desairados. Con ella, sedienta nuestra humanidad en buscade más de lo mismo.
La conversación ya la conocemos. Jesús, sudoroso y cansado, la dignifica poniéndola en el lugar de la que puede dar. Ella, anclada enla sospecha tras tanto aprovechado, le expresa su desconfianza y dis-tancia: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy sa-maritana?». Jesús, conocedor del alma femenina, le pica en su curiosi-dad: «Si tú supieras.». Ella, altanera, le desprecia comparándolo conJacob, que les dejó pozo abundante para personas y ganados. Jesús quese dirige al fondo de su rutina diaria en la brega de conseguir agua, pro-metiéndole una que no se acaba cada día. ¡Eso ya es otra cosa! «Señor,dame de ese agua», pide con respeto estrenado. Jesús ahora pasa de un sal terrae
INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS agua a la que calmaría su corazón: «Muy bien dicho que no tienes ma-rido, porque has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido». Y reco-ge la verdad de lo que dice, vadeando lo que oculta. «En eso has dichoverdad»: estás sola. Aprovecha su intento de evasión a una pseudoin-quietud religiosa, conduciéndola de su desmesura e inquietud al «espí-ritu y verdad», más cerca de lo que sus pasos buscan sin saberlo. Unúltimo intento de escapada: «El Mesías nos lo explicará todo». Jesússe presenta, contundente y franco: «Soy yo, el que hablo contigo».
Mendiga Jesús, no la humanidad insatisfecha. Él toma la iniciativa con cada persona –de maneras creativas e insospechadas– para revelarsu don. A todos, como a la samaritana, nos va llevando Jesús por in-quietudes y desmesuras hacia lo bueno de conocerle. Nos escudamosen distancias y desconfianzas, étnicas, culturales o religiosas; pero laverdad de Dios –Jesús– se va abriendo paso, derribando nuestros es-trechos esquemas tradicionales para confesar humildemente que nues-tros cinco y mil emparejamientos nos siguen dejando insatisfechos ysedientos. Aquel «judío» y su amarga experiencia le ha dejado sin es-capada ni razón donde apoyar su pobre existencia. ¿Qué le queda?Confesar su esperanza: «Yo sé que el Mesías. nos lo explicará todo».
Llegan los discípulos y «se extrañan de que hable con una mujer» a solas; pero por vergüenza no se «atrevían a preguntarle», pues elhombre, cuando piensa en mujer, tiende a calmar la sed más fácil.
«Maestro, come». A ella, en cambio, ya le ha encelado Jesús con otraagua distinta de la del pozo de Jacob. Abandona –no olvida– su huma-no cántaro ya innecesario, y corre a su gente, a anunciar y contrastarsus dudas y descubrimientos. «Venid a ver a un hombre que ha adivi-nado todo lo que he hecho; ¿será quizás éste el Mesías?». Más de unopensaría que no hacía falta ser profeta para saber lo que hacía: tonto él,como Simón el fariseo, ignoraba que ésta, como la «que mucho habíapecado», tenía una historia de sed mal saciada.
Jesús ha venido a dar de beber a los de corazón insatisfecho, no a los pretendidamente saciados: «desfallecerán de sed las bellas mucha-chas y los mozos» (Am 8,13).
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6. Sed de Dios o aljibes agrietados que no retienen el agua22
«Del hombre el alma está a la carne atada»23.
La sosera del beber cotidiano nos lleva a buscar aljibes más llamativos.
El rocío del Éxodo, recibido al principio con alegría y sorpresa («blan-co como semilla de cilantro, y dulce como hojuelas de miel: Ex 16,31),se hizo pesado: «¡no se ve otra cosa que maná!» (Nm 11,6). La fideli-dad de Dios era de agradecer, pero su menú era poco variado. Queríannovedad. Igual nosotros: bombardeados por mil novedades, queremosmarcha, movimiento, bulla. En soledad, a veces, no somos nadie. Bus-camos ruidos, cosas, viajes, actividades. Lo que nos rodea está lleno,pero no sabemos de qué.
¿Qué hacemos con la inquietud? Alguien con una hipoteca empie- za a dormir mal; vómitos matutinos; le diagnostican depresión o fibro-mialgia; le medican, y se le oculta la causa, que no es la casa hipote-cada, sino él.
La inquietud pena por más coche, más casa. El roble quiere ser tan alto como el pino, que sufre por no dar uvas como la vid, que sueñacon dar rosas, apenadas por no ser fuertes como el roble. Confundimosnuestras necesidades básicas con esa insatisfacción humana, esa ansie-dad por tener, por lograr, por conseguir poder, prestigio o dinero. Nosdistraemos con ellas, viviendo en un «sindiós» de vacío interior y deinsatisfacción permanente. Se nos dice: «buscad las cosas de arriba, nolas de la tierra» (Col 3,2). Ordenad prioridades, buscad primero el rei-no de Dios y su justicia. Siempre cabe pedir con San Anselmo deCanterbury que, sin Él, nada nos sea dulce ni gracioso.
¿Sed de un Dios que no cotiza? Perdone, tenemos aljibes e ídolos 22. Jr 2,13.
23. Gerard M. HOPKINS, «La alondra enjaulada», en Antología Bilingüe, Trad. M.
Linares Megías, Sevilla 1978, p. 163.
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INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS 7. Se aumenta la sed de Dios, cuando.
La inquietud y la desmesura hay que calmarlas. La sed Dios no sólohay que saciarla, sino –¡oh contradicción!– aumentarla, doliéndonosde que es infinitamente más lo que dejamos que lo que tomamos: Reconocemos la equivocación y abandonamos aljibes: «Oh ver-dad, luz de mi corazón, ya me hablan mis tinieblas; me equivoqué,pero me he acordado de ti. Y ahora vuelvo sediento y fatigado has-ta tu fuente»25.
Moderamos nuestra desmesura y «los ojos insaciables» (1 Jn2,16): «Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo. Porquepara venir del todo al todo has de negarte del todo en todo»26.
«Como un niño en brazos de madre, acallo y modero mis deseos»(Sal 131,2).
Reposamos nuestras inquietudes en Él: «Toda la vida de un buencristiano es un santo deseo. Lo que deseas no lo ves todavía, maspor tu deseo te haces capaz de ser saciado [.] Supón que quieresllenar una bolsa y que conoces la abundancia de lo que van a dar-te; entonces tenderás la bolsa, el saco, el odre o lo que sea; sabescuán grande es lo que has de meter dentro y ves que la bolsa es es-trecha, y por eso ensanchas la boca de la bolsa para aumentar sucapacidad. Así Dios, difiriendo su promesa, ensancha el deseo;con el deseo ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz desus dones. Ahora bien, este santo deseo está en proporción aldesasimiento»27.
24. Himno atribuido a San Gregorio Nacianceno.
25. SAN AGUSTÍN, Confesiones, 10, 18.
26. SAN JUAN DE LA CRUZ, Obras Completas, Madrid 1993, p. 212.
27. SAN AGUSTÍN, «Primera Carta a San Juan»: Trat. 4, PL 35, 2.008-2.009.
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No tememos atravesar etapas de desierto: ««ofreceré agua en eldesierto, ríos en el yermo» (Is 43,20); «Señor, si no estás aquí,¿dónde te buscaré estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo nodescubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inac-cesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad? ¿Cómo meacercaré a ella? [.] ¿Qué hará este tu desterrado tan lejos de ti?¿Qué hará tu servidor ansioso de tu amor y tan lejos de tu rostro?[.]»28.
Damos de beber al sediento: «cualquiera que le dé de beber aun-que sea un vaso de agua fresca a uno de esos humildes. no perde-rá su paga» (Mt 10,42); «El cántaro de harina no se vació ni la acei-tera se agotó» (1 Re 17,14-16). Miramos al pobre, y nos mira Él(cf. Tob 4,7).
Practicamos la justicia y nos saciamos de su palabra: «llegan dí-as en que enviaré hambre al país [.] irán errantes, vagando de nor-te a sur. Aquel día desfallecerán de sed las bellas muchachas y losmozos» (Am 8,11-13). Ningún vaso quedará sin recompensa (cf.
Mt 10,42).
Nos acercamos confiados a beber de Dios: «Quien tenga sed, quese acerque; el que quiera, que tome de balde agua viva» (Ap 22,17).
Compartimos la suerte del pobre y el gemido universal como departo (cf. Rm 8,22): «Hay gemidos ocultos que nadie oye; en cam-bio, si la violencia del deseo que se apodera del corazón de unhombre es tan fuerte, su herida interior acaba por expresarse conuna voz más clara [.] Tu deseo es tu oración; si el deseo es conti-nuo, es también continua tu oración»29.
Abandonamos nuestra aparente cordura y no golpeamos dos vecesla roca del agua (cf. Ex 17,7). Sin un Don Quijote no existiría unaobra maestra sobre la desmesura humana. Como decía Unamuno, unhombre sesudo y cuerdo enloqueció de pura madurez de espíritu.
El mundo gana o pierde en mi envite: si vivo desmesuradamente,desmesuro al mundo, sin gustar de avances sabrosos y hacederos.
28. SAN ANSELMO, Proslogion: Opera omnia, 1938, 1, pp. 97-100.
29. SAN AGUSTÍN, Comentarios a los Salmos: CCL 38, 391-392.
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INQUIETUD, DESMESURA HUMANA Y SED DE DIOS Si me pueblo de inquietudes sin resolver, inquieto y desazono. Siacallo y modero mis desmesuras e inquietudes, mis ambiciones yaltanerías, el mundo recibe esperanza que dura (cf. Salmo 131).
Desajusto mis deseos, el mundo se desajusta; me saneo, se sanea elmundo. Así lo canta Dámaso Alonso: «Hombre es amor. Hombre es un haz, un centrodonde se anuda el mundo. Si Hombre falla,Otra vez el vacío y la batalladel primer caos y el Dios que grita “¡Entro!”»30.
8. El principio y el final de la Historia del Hombre con su Dios
Iniciaba el artículo con el «malestar cultural» del hombre actual. Asífue al inicio en nuestros padres. La sed de Dios no pudo frente a la des-mesura del «seréis como dioses», que nos trajo inquietudes y fatigassin cuento. Dios fue entonces como era y como será: regadío para elhombre. Al principio, «el aliento de Dios se cernía sobre la faz de lasaguas» (Gn 1,2). Al final, «me mostró entonces el ángel el río de aguaviva, luciente como el cristal, que salía del trono de Dios y del Corde-ro» (Ap 22,1).
Antiguos navegantes cantaban gloriosos: «Navegar es necesario; vivir no». Para vivir, basta beber de la fuente; para navegar, dejarse lle-var de la sed de Dios. Marta trajina, inquieta y geniuda, preparando co-mida desmesurada. María, tranquila, a los pies de Jesús, calma su sedde Dios: la mejor parte (cf. Lc 10,41) «¡Que bien sé yo la fonte quemana y corre, aunque es de noche!»31. «Al sediento le daré a beber debalde de la fuente de agua viva» (Ap 21,6).
¡Será, así! «Cantarán mientras danzan: todos nuestros manantiales 30. Dámaso ALONSO, «Hombre y Dios» (1955), en Antología poética, Alianza, 31. SAN JUAN DE LA CRUZ, Poema La Noche Oscura. sal terrae
LEONARDO BOFF
La opción-Tierra.
La solución para la tierra
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224 págs.
P.V.P. (IVA incl.): 11,00 € El mundo no puede seguir así. Hemos de cambiar nuestras mentes,nuestros corazones, nuestro modo de producción y de consumo, si que-remos tener un futuro de esperanza. La solución de la Tierra no cae delcielo, sino que resulta de una coalición de fuerzas en torno a unos va-lores éticos, unos fines humanísticos y un nuevo sentido de ser. El pro-pósito de este libro es ayudar a transformar la posible tragedia en unacrisis que nos purifique a todos y nos haga más sensibles a la vida, máscompasivos con los seres que sufren y más espirituales, más abiertos almisterio del universo y de Dios.

Source: http://www.salterrae.es/salterrae/salterrae20086/ST-06-2008-02.pdf

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VARICELA CONGÉNITA Y NEONATAL Dr. Julio Moreno Hernando Unitat de Neonatología. Servicio de Pediatría. Septiembre,1998. INTRODUCCION La varicela es una enfermedad exantemática frecuente en la infancia (antes de los 10 años el 85% han pasado la infección) , pero la varicela que ocurre en el período gestacional su incidencia es escasa ( 0.1-0-7 por mil embarazos). Entre 80-95% d

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